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| 1 Julio 2026 | |
| Escrito por Soledad Guzmán Sandoval | |
| Historias de egresados |
Lo que comenzó en las salas de clases y en la cancha de fútbol de la Universidad Adolfo Ibáñez terminó convirtiéndose en una sociedad que hoy impulsa dos empresas y forma a nuevas generaciones como docentes. Esta es la historia de Cristóbal Roselló y Nicolás Jorquera, ingenieros comerciales UAI, quienes transformaron una amistad universitaria en un proyecto de vida basado en el emprendimiento, la innovación y el aprendizaje constante.
Su historia comenzó entre conversaciones fuera de clases y entrenamientos de fútbol; de esta manera construyeron una amistad basada en la confianza, la disciplina y valores compartidos. Sin saberlo, estaban formando la sociedad que años más tarde daría vida a Hype Innovation Center y Blend Social Food.
"Lo más difícil de emprender son las personas", coinciden. Encontrar un socio con quien compartir la misma visión, los mismos valores y la misma forma de enfrentar los desafíos no es sencillo. En su caso, esa confianza se consolidó con el tiempo y hoy es uno de los principales activos de sus empresas.
Sin embargo, el camino estuvo lejos de ser lineal. Antes de consolidar sus proyectos, emprendieron más de 16 veces. Algunas ideas no prosperaron, otras les dejaron valiosas lecciones, pero ninguna significó un punto final. Por el contrario, cada intento fortaleció su capacidad para adaptarse, aprender y volver a comenzar.
Actualmente lideran Hype Innovation Center, un espacio dedicado al diseño, la innovación y el desarrollo de soluciones para empresas mediante nuevas tecnologías. Uno de sus proyectos más significativos surgió a partir de la impresión 3D, desarrollando iniciativas que permiten reutilizar insumos de docencia y darles una nueva vida. Durante la pandemia, ese proyecto liderado por Nicolás, permitió fabricar elementos de protección y apoyo mediante impresión 3D que fueron utilizados en un momento crítico por distintas instituciones y personas. Su trabajo contribuyó a enfrentar la emergencia sanitaria y tuvo un impacto directo en la protección de muchas personas, convirtiéndose en uno de los hitos más significativos de su trayectoria.
Su espíritu emprendedor no se detuvo ahí. Además de Hype Innovation Center, Cristóbal y Nicolás son dueños y fundadores de Blend Social Food, una empresa tecnológica que ayuda a bares y restaurantes a aumentar sus ventas mediante herramientas digitales y nuevos modelos de negocio. En apenas cinco meses, este proyecto registró un crecimiento cercano al 500 %, reflejando su capacidad para identificar oportunidades, adaptarse a los cambios y convertir las ideas en empresas con impacto.
Pero detrás de esos logros también hubo momentos difíciles. Para Cristóbal, uno de los más complejos fue enfrentar una crisis de pánico cuando sentía que el enorme esfuerzo invertido no se traducía en resultados. Esa experiencia lo obligó a detenerse, replantear sus expectativas y comprender que el éxito no siempre llega al mismo ritmo que el trabajo realizado.
"El esfuerzo no siempre entrega resultados inmediatos", reflexiona. Aprender a valorar el proceso por sobre la recompensa terminó transformándose en una de las lecciones más importantes de su carrera.
Nicolás, por su parte, asegura que uno de sus mayores aprendizajes ha sido comprender que equivocarse no es un fracaso, sino una parte natural del crecimiento. "No existe el momento perfecto para emprender", afirma. Para él, muchas personas esperan sentirse completamente preparadas antes de dar el primer paso, cuando en realidad es el proceso el que entrega las herramientas para crecer.
Ambos coinciden en que gran parte de esa forma de enfrentar los desafíos nació durante su paso por la Universidad Adolfo Ibáñez. Más allá de los conocimientos técnicos, destacan que la universidad les entregó pensamiento crítico, una mirada interdisciplinaria y la capacidad de analizar problemas desde distintas perspectivas.
Más que una asignatura en particular, ambos destacan que fue la formación integral de la universidad la que les entregó herramientas para analizar problemas, tomar decisiones y enfrentar desafíos con una mirada estratégica. Asimismo, el trabajo colaborativo con estudiantes de distintas disciplinas les permitió comprender que las mejores soluciones nacen cuando convergen diferentes perspectivas. También valoran que la universidad les enseñara a perder el miedo al fracaso y a entender el error como parte del aprendizaje.
"Más que herramientas técnicas, la universidad nos enseñó a pensar cómo resolver problemas", destaca Nicolás. Una enseñanza que hoy aplican tanto en sus empresas como en las salas de clases.
Porque además de emprender, ambos decidieron volver a la universidad desde otro rol: hoy son docentes. Para ellos, compartir su experiencia con nuevas generaciones representa una oportunidad para transmitir que emprender no consiste únicamente en crear una empresa, sino también en desarrollar resiliencia, trabajar en equipo y aprender constantemente.
Mirando hacia el futuro, creen que la inteligencia artificial está transformando la forma de crear negocios y resolver problemas. Sin embargo, enfatizan que seguirá siendo una herramienta al servicio de las personas. Lo verdaderamente importante, aseguran, continuará siendo la capacidad de pensar críticamente, comprender las necesidades de los demás y generar soluciones con sentido.
A quienes sueñan con emprender, les dejan un mensaje claro: no esperen el momento perfecto.
"Háganlo aunque tengan miedo. Van a fallar, pero cada error será una oportunidad para aprender. Enamórense del proceso y no solo del resultado. La mejor inversión siempre será en ustedes mismos y en conocerse mejor", concluyó Cristóbal.
Después de más de 16 intentos, dos empresas en crecimiento y una amistad que comenzó en los pasillos de la Universidad Adolfo Ibáñez, Cristóbal Roselló y Nicolás Jorquera son la prueba de que las mejores sociedades no solo nacen de una buena idea, sino también de la confianza, la perseverancia y las personas que deciden recorrer el camino juntos.